jueves, 4 de enero de 2018

Gentilicio y costumbres tereseñas desaparecen

Gentilicio y costumbres tereseñas desaparecen

        Con el gentilicio los pueblos no comen, no se curan; y tampoco se evitan la enfermedad ni la muerte. Pero, si apartamos a un lado el sentido crematístico de la vida podemos, sin darnos cuenta, ver como la cultura y el gentilicio pueden a llegar a ser el “pan espiritual de los pueblos, la medicina del alma”.

 

Por siglos, el hombre se ha sentido orgulloso de usar el gentilicio para arraigarse al lugar de su nacimiento. Ejemplos hay muchos, pero, con particular singularidad hemos sido testigos de cómo están apegados a sus orígenes los maracuchos, los andinos, los orientales, …y en menor cuantía los tereseños.

       Mientras que las costumbres, a diferencia del gentilicio, sí pueden influir en la forma de vida del hombre. Costumbre al trabajo, al estudio, al buen comportamiento, etc. van muy ligadas al desarrollo personal, al buen vivir y al crecimiento de los pueblos.

        En la vida moderna, rodeada de elementos exógenos que impactan el devenir de la sociedad, estos valores se sienten amenazados; y tal vez sucumban, el gentilicio y las costumbres. Es una lucha intangible que lleva el hombre a cuestas sin mucha resonancia en los organismos de poder, de cada una de las regiones del país.

Ya nos es familiar escuchar en las calles de muchos pueblos del Tuy: “Yo me crié allá, pero naci en Caracas”. Es común esta conversación. Y se refiere a la dificultad que tienen las madres para parir sus hijos en el pueblo donde viven, porque sencillamente no hay sala de partos en el hospital; o en el mejor de los casos no funcionan bien. Allí comienza un desarraigo involuntario. Por ejemplo, nacer en Caracas y vivir en Santa Teresa, cuando llegue el momento saldrá a flor de boca: ¡…Nooo, yo soy caraqueño!. Es el preciso momento de negar el gentilicio; mucho menos, defenderlo. Tal como lo hizo Pedro con Jesús.

Así han pasado muchos años en este pueblo tuyero. Desde hace tiempo sus habitantes están luchando por la construcción de un buen hospital, o una buena maternidad, bien dotada. Pero no, a quien le importa eso del gentilicio.
Si nos remontamos al pasado reciente, cuando la familia pudiente acudía a despertar a la comadrona en horas de la madrugada para atender el parto de la mujer que gemía de dolores. Eso quedó atrás. Se rompió aquel nexo de los compadres que surgía entre la parturienta, el padre y la comadrona. Ya no existe la relación de “mamá” entre el recién nacido y la comadrona. Costumbre milenaria que desaparece.

Los nombres propios asignados a los hijos en los siglos anteriores se referían a la veneración de algún santo, la exaltación de una fecha o la prolongación del nombre paterno o materno. Eso quedó atrás. Ahora se escuchan combinaciones sub realistas, o copias de nombres de personajes famosos, extranjeros, para los niños o niñas que llegan a la pila del bautismo con el asombro del sacerdote. Y con la limitación de no celebrar el día de su santo, nunca.

De la moda en la vestimenta, ni hablar; un poco comprensible, porque tampoco es que nos vamos a quedar en los tejidos forzados de la edad media, mucho menos en las pieles que protegieron a los primeros hombres. Casi igual pudiésemos relacionar el impacto de la música para cambiar el comportamiento del hombre; y en esto la primera culpa está en el tecnicismo de la comunicación y sus redes.

No es necesario escrutar en la ingenuidad para darse cuenta que el modernismo no cederá ante la costumbre y la tradición, al contrario, será implacable.

Pero, por qué quitar a los abuelos la satisfacción de ver a sus nietos vistiendo un liqui liqui, usando un sombrero; cantando o bailando un joropo, un vals; o, aguinaldos de navidad.

Así mismo; y serviría de mucho para la formación del hombre nuevo, el fortalecimiento de las creencias autóctonas, la recuperación de las tradiciones religiosas; como las misas de aguinaldo, la misa de gallo que se celebra el 24 de diciembre en conmemoración de la natividad del niño Jesús de Nazareth, nacido en Belén; y luego convertido en Cristo, redentor de la humanidad.

También podemos pasearnos por los Velorios de Cruz, celebrados a partir del tres de mayo; la peregrinación de las feligresía, desde lugares remotos; alumbrar el nazareno en semana santa, ofrecer y pagar una promesa; la quema de Judas, como símbolo de rechazar la traición; o, hacer la primera comunión, etc. La fe no tiene moda, es infinita en el tiempo.

Con cierta nostalgia vemos como los niños, ahora no juegan. Quiero decir, no interactúan con los juegos tradicionales. La tecnología y el modernismo barrieron con lo que quedaba. Ya no vemos a los niños armando y volando un papagayo, jugando metras, trompo, perinola; pero, es que tampoco los vemos armando y jugando gurrufío, echando los cocos; o, construyendo una china.

Respecto a las tradiciones grupales, donde es obligatoria la interacción, el roce y el contacto humano, también hay preocupación.
Santa Teresa se caracterizó desde sus primeros tiempos de civilización por ser un pueblo de entretenimiento sano. El deporte y la recreación mataban el ocio del tereseño, bien sea en un estadio, en una manga de coleo, una cancha de bolas criollas o en una gallera. Eran las actividades de la mañana o de la media tarde; porque en las noches surgían las fiestas, los bailes, la parranda y las serenatas. Incluyendo las patinatas en la plaza Bolívar durante las misas de aguinaldo, donde más de uno salió enamorado (a), …y después casados.

Son costumbres y tradiciones que la sociedad quiere verlas como obsoletas, tienden a desaparecer.

No todo está perdido, pero sí encendidas las alarmas. Todavía observamos como resisten la costumbre y la tradición en el campo culinario del tuyero. El época decembrina se lleva la batuta la exquisita hallaca y el delicioso dulce de lechosa; las cuales, aún con las dificultades para conseguir los ingredientes y su entorno, los tereseños disfrutan su degustación.

Igual podemos decir del suculento sancocho, bien sea de gallina, pollo o res; siguiéndole muy de cerca el mondongo.

Es tradición tereseña, como en muchas partes de la geografía nacional, amanecer el primero de Enero montando la olla para repotenciar las energías de la farra anterior. Además, aquella preparación del nutriente caldo se tornaba en un compartir con la familia y allegados más cercanos que se quedaba en la “casa grande” a celebrar la despedida del año anterior. Risas, alegrías y llantos represados afloraban alrededor del fogón como queriendo sacar lo que quedó de la noche anterior. Y tampoco faltaba la buena música, hasta agotarse los “repeles etílicos de la navidad”.

Aún quedan familias tereseñas que preparan el arroz con coco, arroz con leche, los casi desparecidos “besos de coco”, el manjarete y las tortas de piña; entre otras exquisiteces del recetario local, que luchan por seguir presente en las costumbres  y tradiciones de la población.

Otro plato que resiste el envión de la moderna comida chatarra contra las costumbres de los lugareños son las inolvidables caraotas negras, combinadas con carne desmechada, arroz, tajadas de plátanos, queso blanco rayado; y en algunos casos complementadas con un huevo frito. A lo que los venezolanos nos hemos empeñado en llamar “pabellón criollo”.

Tampoco pueda faltar en este listado la preparación del quinchoncho con llame, con sus múltiples variedades para combinar.

En fin, la sociedad tereseña va siendo testigo en el camino de cómo van desapareciendo las costumbres y tradiciones. Cada fecha es un escenario que nos permite apreciar el distanciamiento entre lo que hacíamos ayer y lo que hoy se hace. La permanencia de este comportamiento bucólico y nostálgico, tal vez sea causa de risas para la nueva generación. Pero, si estos jóvenes se disfrazaran en Carnaval, salieran a parrandear en navidad, llevaran serenatas a sus novias, montaran un pesebre en su comunidad, si bailaran un bolero para pulir la hebilla; o cortaran la hila del papagayo al amigo, entre otras costumbres olvidadas; tal vez pudieran decir algún día “yo viví la vida”. Y pudieran sentirse orgullosos de participar en el rescate del gentilicio, las tradiciones y costumbres de su pueblo.


//Rafael González

https://issuu.com/rafagon/docs/gentilicio__costumbres_y_tradicione 

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Docentes jubilados de Miranda reclaman bolsa de comida

Docentes jubilados de Miranda reclaman bolsa de comida
La Asociación de Docentes Jubilados y Pensionados del Edo Bolivariano de Miranda (ASDJPEBM) se dirigió a los medios de comunicación de la región, en la mañana de hoy 26 de diciembre para hacer público su descontento ante el ciudadano Gobernador, Héctor Rodríguez y las autoridades educativas, al no ser tomados en cuenta a los docentes jubilados e incapacitados para el operativo del Beneficio Bolsa Alimentaria (compromiso previamente adquirido con nuestra Asociación).
Es de hacer notar que los docentes jubilados, no gozan del Bono de Alimentación siendo éste Beneficio muy significativo; y sumamente importante para los docentes jubilados y pensionados de la Gobernación del Estado Bolivariano de Miranda.
Adicionalmente, aprovechamos éste medio para reconocer la gestión del pago de la deuda en su totalidad.
Maigualida Sanoja y Raimundo Baroni Crespo

martes, 26 de diciembre de 2017

Editorial

Editorial

En mi tránsito por las calles de la ciudad, a pie, muchos me preguntan: ¿Qué vamos a hacer? Inmediatamente asocio la interrogante con el tema político; porque es una constante.
La experiencia con los frecuentes encuentros anteriores me obligó a detallar bien las muecas del rostro de quienes tienen la misma inquietud. Noto gestos de angustias, rabia, desesperanza; y en el mejor de los casos, conformismo.
No dejan de tener razón, porque, así como el precio del dólar, la situación en el país es muy cambiante. Cada día nos proporcionan temas para debatir y entretenernos; pero sobre todo, para hacernos sentir mal. Es difícil no caer en este perverso juego. Otros lo llaman trapos rojos.
Pero, todo tiene su tiempo. Entre mis respuestas, previo al llamado de calma para bajar los niveles de angustias, basándome en la comprensión, sugiero “esperar un poquito, …un poquito más”; lo cual no es fácil de asimilar. Alguien exclamó en su oportunidad “…es que acaso 400 años de opresión no bastan”. Hoy podría caber la expresión: “…pero es que han pasado 19 años”.
Siguiendo la conversación con la última interlocutora que me abordó en la calle, tuve, obligatoriamente, que apelar al recurso discursivo para el cual fui entrenado; y en palabras más, palabras menos, le dije:
“Mira Josefina, todos sabemos el problema en que estamos metidos, conocemos su origen, buscamos y planteamos soluciones; todos esperamos lo mismo (cambio). Pero, hay mucha gente que quiere que muy pocos resuelvan los problemas comunes, y hasta los individuales; sin mover ellos un dedo. Prueba de ello fueron las marchas, las protestas, los heridos, los presos; y lamentablemente, también los muertos.
También te puedo decir que, recientemente pasaron procesos importantes de votaciones con unos resultados nefastos, terribles; porque la gente no salió a votar. Aunque allí hay muchas culpas, y de las cuales hablaremos más adelante; importante es que ganó la abstención en detrimento de nuestras aspiraciones.
Ahora bien, como te has dado cuenta, el malestar del país es generalizado, no te voy  a abrumar con ejemplos porque son hartos conocidos. Pero, te puedo decir que la solución está en nosotros mismos, en cada quien; hagamos un alto en las apreciaciones políticas, ideológicas y doctrinarias; y pongámonos a pensar en que, si el alcalde de la ciudad hace lo que corresponde, lo que dice la ley que lo rige, estarían mejor las cosas; si el párroco, como bien lo hace, concentra su homilía en la salvación de las almas, el espíritu estaría reconfortado; si el presidente de la cámara de comerciantes, junto con sus afiliados, se pusieran de acuerdo para combatir la especulación, prestar un mejor servicio sin perjudicar sus intereses; si el director del hospital, junto con sus médicos y personal paramédico, se ocuparan de prestar un mejor servicio; si los gremios docentes lucharan unidos por los beneficios colectivos de la educación, y no sólo por sus reivindicaciones salariales, no habrían conflictos; si los jefes de los partidos políticos abandonaran las practicas grupalistas y personalistas, si antepusieran la lucha social por encima de lo político, habría mayor participación; en  fin, Josefina, te dije que no me iba a alargar; si todos nos preocupáramos y también nos ocupáramos de los problemas colectivos de la gente, de las comunidades, de las instituciones, sin olvidar los interés particulares; esta sería otra patria, otra ciudad; …otro gobierno.
Para no largar la conversación, te quiero recomendar algo para mitigar los niveles de angustia, aunque sea por este corto tiempo que le queda al año 2017, por estos pocos; pasa el suiche. Concentremosno en celebrar, como podamos, la navidad; con las limitaciones a las cuales nos están obligando, con las ausencias de los seres queridos que se nos han ido; incluso, con la adversidad, reúne a la familia; pasa una navidad feliz, y recibe un año nuevo 2018 con la esperanza que aún conservas. Luego veremos. No hablo más.
Un abrazo mi hermana, que pases una feliz navidad; …y sigo caminando.

//Rafael Gonzalez



Para recibir la navidad con la calle limpia


Para recibir la navidad con la calle limpia
Luego de la acostumbrada jornada de limpieza que realizan los vecinos de la calle Las violetas, en la urbanización Las flores del municipio Independencia, la alcaldía los dejó esperando para recoger las bolsas con residuos sólidos.
Allí están las bolsas, que también aportaron los vecinos, esperando la visita de los trabajadores del aseo urbano. Pero no hay quien les de la orden.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Sopa gratis

Sopa gratis reciben tereseños por iniciativa privada

Un centenar de ciudadanos reciben una taza de caldo con carne y verduras surtidas sin ningún tipo de interés por los benefactores que no sea mitigar el hambre de la gente



El amor por la especie humana expresado por la ayuda desinteresada, con alta dosis de caridad, es lo que conocemos como filantropía.
La crítica situación económica en la cual se encuentra inmersa una gran mayoría de la población venezolana, especialmente quienes nadan en las corrientes de la pobreza, ha motivado a otros ciudadanos o demostrar sus cualidades humanitarias, desprendiéndose de algo de su tiempo y un poco de sus bienes para paliar la necesidad de alimentación que hoy presenta el prójimo.
Es el caso de la familia Perdomo Laya, en Santa Teresa del Tuy del estado Miranda, quienes desde su establecimiento comercial, todos los miércoles, en horas del medio día, reparten 100 tazones de sopa, totalmente gratis.
Ivan Antonio Perdomo, conocido también como Tony, junto con su madre, su padre y sus hijos, en compañía de la señora Leonarda Fernández, quien ayuda en la cocina, y otros voluntarios; desde el día anterior se organizan para preparar la enorme olla de caldo con presas de res y pollo, complementada con verduras surtidas.
Justo a las 12:00 M comienzan a llegar los entusiastas comensales en la calle San Rafael del municipio Independencia, con su tasa en mano, para recibir uno o dos cucharones de sopa; la cual reciben con agradecimiento, al mismo que retribuyen con una bendición de Dios a sus benefactores.
Esto lo hacemos, dice Tony, sin ningún tipo de interés comercial, ni político. Pero si puedo decir que la motivación me vino por la experiencia que viví en mi corto tiempo de emigrante que pase en Panamá; donde pude ver a muchos paisanos venezolanos haciendo colas para recibir un plato de comida. Y, dadas las circunstancias que hoy atraviesa el país, quiero dar mi agradecimiento a Dios por traerme de vuelta a mí tierra; y permitirme ayudar a quien lo necesite. Terminó diciendo Perdomo; quien agrego hay otros nombres de benefactores que cooperan con esta noble misión, pero, que prefieren el anonimato.
Hablan los beneficiarios
Rafaela Ramírez, con 45 años, en compañía de sus dos hijas, residente en el caserío San Vicente del municipio Independencia; quienes deambulan por las calle dela ciudad, nos dice que llevan tres semanas recibiendo esta comida; la cual agradece de corazón.
Jesús Benítez (56), en compañía de su esposa minusválida, Ana Parra (60), alojados en un tráiler colocado por la alcaldía en terrenos del hospital, como albergue temporal; también esperaron su turno para ingerir la primera y única comida del día.
Con esta noble labor social, queda demostrada la capacidad de solidaridad del venezolano aún en los tiempos más difíciles.


//Rafael González