lunes, 6 de junio de 2011

Otro ardid...



Otro ardid que se repite

con la candidatura

presidencial


La esperanza de los pueblos cuando acude a las votaciones se centra en las soluciones que aspira su candidato resuelva.
El mapa mental de los ciudadanos va colocando en el tiempo las oportunidades para ver cristalizadas esas aspiraciones, bien sean colectivas o individuales; alguna vez llegará ese día, es la expectativa.
La frustración hace presencia cuando el merecedor de aquella confianza, sin haber cumplido todavía lo que ofreció en su campaña electoral, y por la cual enganchó a la mayoría de los votantes, comienza a pensar en otros escenarios de poder, borrando cualquier oportunidad para medir su gestión gubernamental, en el tiempo.
Así percibo la nueva aspiración del gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonski, a quien los mirandinos le entregamos la confianza para hacer un gobierno regional distinto al que nos dio el ahora diputado peleón’, el mismo que no ha podido responder por las acusaciones de corrupción durante su gestión.
El pueblo de Miranda compró el mensaje de “cambio” y cifró sus esperanzas de que algún día llegará la anhelada calidad de vida en su sector; otros también pensaron en el crecimiento personal y su entorno familiar, que son válidos.
Ni pensar que el gobernador Capriles Radonski no reúna las condiciones para ser presidente de la república, las tiene todas. Pero, detrás hay un pueblo ansioso de ver su obra, de palpar el cambio prometido y sentir el camino abierto a la prosperidad y felicidad por la cual se partió el pecho y arrendó sus ganancias; y que, más adelante podría pensar ver al líder del estado Miranda en la instancia superior, gobernando para todos los venezolanos. “Los tiempos de Dios son perfectos”.
A juicio de quien escribe, previa consulta realizada en diversos escenarios, por lo menos en el Tuy, los mirandinos necesitamos consolidar la gestión de un gobierno que vele por el crecimiento armónico de la región, bajo un clima de paz y tranquilidad, con criterio de inclusión, como lo viene haciendo el joven gobernador; a quien le queda mucho espacio protagónico todavía en la política venezolana. Entonces, ¿Por qué interrumpir esta oportunidad que nos brinda lo que queda de este sistema democrático?.
Hoy, hay tiempo de revisar, tal vez mañana sea más difícil. Muchas han sido las experiencias en la política venezolana donde los líderes regionales se dejan empalagar de poder por el entorno que los acompaña, unos por adulantes otros por intereses suprapartidistas que dislocan la aspiración inicial de los pueblos de ver a su gobernador cumpliendo con una buena gestión hasta ver consolidado su cometido. Para no extender el tema podemos hacer mención de los casos del Dr. Oswaldo Alvarez Paz, Salas Römer y Manuel Rosales, quienes obviaron la esperanza de sus electores para ir por la primera magistratura nacional; los resultados son archiconocidos.
La aspiración temprana conlleva riesgos que someten la esperanza de los pueblos a una incertidumbre, más aún cuando se conoce del poder económico y político del adversario, sin contar la popularidad que, amén de la situación que padece el país, conserva.
El gobernador Capriles es una reserva política de la alternativa de cambio que aspira el país, su carisma, su estilo de gobernar y de llegarle a la gente, son valores que ante cualquier revés que pueda sufrir la oposición en la intención de conquistar el poder; saldría como el ave fénix a representar las entonces devastadas huestes de la oposición, con el aval de una gestión de gobierno regional ejemplarizante.
Opciones sobran en Venezuela para ese periodo, que bien podría llamarse de transición, donde la reingeniería política y gubernamental va a ser necesaria en manos de un presidente o presidenta, emparentados con un perfil específico para ese tiempo: Alejado de pretensiones reeleccionistas, con reconocida capacidad para ser un buen presidente, comprobada convicción democrática, excelentes relaciones internacionales, muestras fehacientes de probidad, capacidad de convocatoria a los mejores para gobernar; y otras tantas, son las virtudes que la nueva Venezuela necesita.
Será un tiempo crítico para quien esté en Miraflores, donde todos los poderes estarán aún a merced del actual presidente; incluyendo a las fuerzas armadas, Pdvsa…y la mitad de un pueblo arrecho por haber salido derrotado, pero armado.
Basado en experiencias anteriores, no es descabellado pensar que otra pudiera ser la vertiente que mueve la aparición del gobernador Capriles en la tabla de aspiraciones presidenciales, pero, sería abominable pensar que estamos ante otro ardid político de algunos que quieran impulsar esa candidatura a un escaño superior para aspirar la menor. Como lo corre la sabiduría popular venezolana con respecto a la candidatura efímera de nuestra bella Irene Sáez, cuyo nombre sólo sirvió de trampolín.
La esperanza de los pueblos no se defrauda, siempre hay esperanza.

//Rafael González

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