viernes, 3 de febrero de 2012

Cuento de Carnaval



La piedra y la vela de carnaval
La piedra y la vela de Carnaval Desde la sala de su casa, en amena conversación con la familia y amigos, Gustavo frena la desbocada carrera que trae su hijo de 11 años, quien pretende cruzar la sala gritando: ¡tírale, tírale, tírale!. Se refiere el niño al mandato que hace a sus amiguitos que están en el jardín principal de la vivienda, lanzando “bombitas de agua” a quien camina por la calle de la urbanización. Comienza el carnaval, los estudiantes se alborotan Gustavito, vestido aún con el uniforme azul de su colegio, detiene la carrera y, en tono irreverente, pregunta a su padre: _¿Qué te pasa, …ahora que hice?. El apenado padre voltea la mirada hacia los adultos, sin tener tiempo para recibir respuesta de ellos; pero retoma la condición de mando de la familia, y pregunta a su menor hijo: ¿Para dónde vas con esas carreras, por qué nos interrumpes? _Aay pa’ no ves que estamos jugando carnaval, mi hermanita, yo y mis amiguitos del colegio, déjame tranquilo. Dice Gustavito ¿Pero, qué llevas en las manos hijo?. Dice el padre al sobreprotegido y envalentonado niño. _¿No ves?…unas bombas, responde. El padre toma las bombas y se percata que están congeladas, duras como rocas. Vuelve la mirada nuevamente a los presentes que yacen aportronados en los mullidos muebles, con actitud de desconcierto; dirige la mirada a Miriam, su esposa, madre de Gustavito; y dice: Espera aquí, no te vayas; dándole la orden a su hijo. Gustavo padre va al patio trasero de su casa donde tienen un pequeño altar del Divino Niño; toma una piedra y una vela, y regresa raudo y veloz a la sala donde lo esperan su esposa, sus amigos y su menor hijo. Al llegar frente al hijo le dice: Toma hijo, le entrega la piedra y la vela. Gustavito toma aquellos implementos, aún más desconcertado que los adultos presentes. Los mira fijamente, frunce el ceño, ve la cara de su padre y pregunta: _¿Qué es esto pa’?. El padre, en tono seguro y parsimonioso le responde. ¿No querías lanzar esa bomba de agua congelada a una persona, sin darte cuenta del daño que podrías ocasionar? Bueno, anda, lánzale la piedra; con ella si es verdad que lo podrás matar, porque lo que harías con esa bomba congelada, al golpear a una persona, es causar el mismo daño que harás con esta piedra. ¡Gustavo…! Increpa la madre del niño, en tono de reclamo. El esposo, moviendo la mano con la señal de alto, frena la participación maternal de la esposa y se queda mirando a su hijo, quien no termina de entender y mantiene los objetos en sus manos. De inmediato reacciona y pregunta. Bueno pa’…y la vela para qué es?. El padre, con tono de vencedor, toma aire y responde: Hijo, la vela es para que la lleves encendida cuando saquen mi cadáver de esta casa a causa del dolor que podrías ocasionarme cuando me vengan a informar que hayas matado a alguien con la piedra. El silencio cubrió la sala. Los adultos, atónitos por el mensaje, se quedaron esperando la reacción de Gustavito. El niño, perplejo, confundido y asustado, echó a correr por el pasillo buscando su habitación y se lanzó en la cama…a llorar. Gustavo padre lo siguió hasta su cuarto, y con la premonición de la escena que conseguiría se recostó en la cama, a su lado, y le interrumpió el sollozo diciendo: ¿Qué te pasa, que te hice?. Gustavito, entre el llanto y la vergüenza, levantó el infantil rostro y logró decir: _pa’ tú no te vas a morir por mi culpa; no lo hago más. Te quiero mucho. Terminó diciendo bordeando el cuello de su padre con un abrazo de amor. Casi al mismo tiempo salió Miriam al jardín, gritando. ¡Ya basta, se acabó el jueguito con agua; no queremos una desgracia en esta casa. Dirigiéndose a los niños que se quedaron esperando a Gustavito. La tertulia siguió en la sala, y la escena entre padre e hijo fue el tema principal de los adultos.

//Rafael González

No hay comentarios: